Una nueva controversia se ha encendido en la relación entre el sector agropecuario y la política bonaerense tras la presentación de un insólito proyecto de ley. Una diputada provincial ha impulsado una iniciativa que pretende crear un tributo específico sobre la emisión de gases de efecto invernadero generados por el ganado bovino. La propuesta, fundamentada en compromisos ambientales y la lucha contra el cambio climático, busca penalizar las emisiones de metano propias de la digestión de los rumiantes, siguiendo lineamientos que se han discutido en países como Nueva Zelanda o Dinamarca, aunque con realidades productivas muy diferentes a la argentina.
El texto del proyecto sugiere que los fondos recaudados a través de este "impuesto verde" sean destinados a financiar programas de mitigación ambiental y forestación en la provincia de Buenos Aires. La legisladora argumenta que la ganadería es una de las fuentes de contaminación atmosférica y que es necesario que el sector internalice los costos ecológicos de su actividad. Sin embargo, la medida ha generado dudas técnicas sobre su implementación y medición, ya que no distingue claramente entre los distintos modelos de producción, afectando tanto al feedlot como a la ganadería pastoril, que según expertos ayuda a capturar carbono en los suelos.
La reacción de las entidades del campo no se hizo esperar y fue contundente. Representantes de las asociaciones rurales calificaron la idea como un "despropósito" y un "ataque directo a la producción" en un momento económico delicado. Los dirigentes advirtieron que la presión impositiva sobre el sector ya es asfixiante y que sumar una nueva carga tributaria basada en procesos biológicos naturales de los animales solo desincentivará la inversión, provocará una caída en el stock ganadero y podría impactar en el precio de la carne para el consumidor, sin garantizar un beneficio ambiental real.