Un reciente estudio internacional liderado por Ayan Fleischmann, del Instituto Mamirauá, documentó que varios lagos en la Amazonia central alcanzaron temperaturas de hasta 41 °C, como parte de la sequía e ola de calor extrema ocurridas en 2023.
El trabajo mostró que cinco de los diez cuerpos de agua monitoreados superaron los 37 °C y que en el caso del lago lago Tefé —con apenas dos metros de profundidad— la columna entera de agua llegó a los 41 °C, creando un ambiente letal para la fauna acuática.
La combinación de niveles de agua reducidos (una caída del 75 % en la superficie del lago Tefé), mayor radiación solar, viento mínimo y aguas turbias fueron definidas por los investigadores como una “tormenta perfecta” que borró los refugios térmicos para peces, delfines y otros organismos.
Las consecuencias fueron palpables: mortandades masivas de peces e incluso delfines, colapso de acuicultura local, y un impacto serio en el sustento de comunidades ribereñas dependientes de esos ecosistemas.
El estudio advierte que este fenómeno no es aislado: la cuenca amazónica ya muestra una tendencia al calentamiento de sus lagos de 0.5 °C por década desde 1990, lo que indica que episodios extremos como este podrían repetirse y volverse parte del nuevo “estado normal”.
Ante este escenario, los autores del estudio alertan que se encuentra en riesgo «el corazón de la biodiversidad acuática tropical», con efectos potenciales en la pesca, la seguridad alimentaria y la estabilidad ecológica de la región.