Zaporizhzhia Nuclear Power Plant, la mayor central nuclear de Europa que Vladimir Putin “se robó” para amenazar a Occidente

Ubicada en Enerhodar, en la región de Zaporizhzhia (sudeste de Ucrania), la central nuclear de Zaporizhzhia es la más grande de Europa y tenía capacidad para generar unos seis gigavatios antes de la invasión rusa.
Las tropas de Rusia tomaron el control de la planta en marzo de 2022, y desde entonces la instalación —aunque no genera electricidad de modo normal— permanece bajo dominio ruso. En ese contexto se ha convertido en un activo geoestratégico: Moscú la utiliza como palanca frente a Kiev y como señal de poder hacia Occidente.
Expertos y organismos internacionales como International Atomic Energy Agency (OIEA) advierten que la planta funciona en condiciones extremadamente precarias. Uno de los mayores peligros: en septiembre de 2025 se cortó la última línea eléctrica externa que alimentaba el sistema, lo que obligó a depender exclusivamente de generadores diésel de emergencia.
El OIEA además mediaba recientes acuerdos entre Rusia y Ucrania para establecer zonas de alto el fuego local en los alrededores de la central, a fin de permitir las reparaciones del sistema eléctrico y reducir el riesgo de un accidente nuclear.
El “robo” —en términos simbólicos y estratégicos— alude no solo a la ocupación militar, sino a la utilización de la instalación como elemento de chantaje: la capacidad de cortar o manipular suministros eléctricos o nucleares se convierte en amenaza para la seguridad de Ucrania y del continente.
La central nuclear de Zaporizhzhia representa hoy más que un reactor apagado: es un símbolo de la guerra híbrida, de la vulnerabilidad energética y del riesgo nuclear latente.

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