Debutó Paredes: fue el mejor en un rato pero Boca no pudo con Unión

A los cinco, seis minutos apenas, cuando la monotonía del "dale Boca, dale Bo" con la música de la Marcha Radical se fundía con lo que el equipo mostraba en el campo, se instaló a fuego la necesidad imperiosa de Leandro Paredes en cancha. Hasta allí, el mismo Boca de siempre, plantado en campo rival más por inercia que por convicción, sin cambio de ritmo ni de gambeta, guiados por la inconsistencia de Palacios y la discontinuidad de Velasco, apenas con un orden defensivo más sólido que el equipo que supo tener con Gago, por ejemplo, pero al fin y al cabo con una dosis de más de lo mismo. Como sucedió con otros rivales en circunstancias similares, Unión impuso, aunque con cierta tibieza, las condiciones de juego. Potencialmente más peligroso, acaso sin la convicción necesaria para demostrarlo en el área y en la red.

Pero esta saga de películas repetidas con mismo argumento y mismo desenlace, finalmente tuvo un quiebre. El ingreso de Paredes fue determinante, de un poder de influencia que permite darle a este equipo castigado el beneficio de mantenerle el crédito abierto, aunque para eso algunas otras cosas deberán florecer alrededor del mediocampista de la Selección Argentina. Pero fue sorprendente el cambio de clima, de energía, de un equipo que sacudió sus telarañas y, aunque no pudo ganar, al menos se llevó argumentos esperanzadores que, lo dicho, deberá acompañar con otro rendimiento.

Antes que Paredes, las tinieblas.  Miguelo movió algunas piezas intentando cambiar un poco el status quo, pero fue más maquillaje que otra cosa: Braida volvió a la izquierda y Velasco se ubicó en la derecha, pero Palacios no estuvo lúcido para conectar las piezas del ataque y Boca fue un equipo fácil para marcar. Unión lo complicó con una presión intensa y una férrea reducción de espacios y eso fue suficiente para neutralizar los intentos del local y de ponerse en situación de generar peligro. A los 35 minutos, la gente ya reclamaba eso de "poner un poquito más de huevos".

Así y todo, con ocho partidos y medio sin ganar, Miguelo no hizo cambios en el entretiempo. Y después de otros 10 minutos de tedio, Russo mandó a calentar a los suplentes, con Paredes y Cavani encabezando la fila. Y justo cuando el equipo se encendió desde las gambetas de Velasco, aunque sin poder concretar, vinieron los cambios, con los generales a la cabeza. Y justo, antes de que entraran, llegó la daga del centro de Fragapane y el suelazo de Tarragona para el 1-0 de Unión.

Y así, Paredes inició su segunda etapa en Boca en un momento difícil, incómodo, a contramano de una situación ideal. El asunto es que Miguelo lo puso de 5, con Velasco casi de enganche y los dos puntas, Merentiel y Cavani. ¿No era mejor ubicarlo más suelto, y no con otros dos cinco (Battaglia y Alarcón) a su alrededor? El "movete, Boca, movete" de la gente, sirvió como respuesta. Y así como Miguelo pifió al no romper el triple cinco (Zenón entró por Velasco), acertó un pleno con Barinaga, que fabricó el córner por el que Paredes dibujó el centro/asistencia para el empate.

 

El veredicto final es obvio: el ingreso de Paredes enriqueció el juego de Boca, nomás desde su jerarquía individual y su poder de influencia. Claramente, los mejores minutos de Boca fueron con él en cancha. Y el empate, que estaba bien, sobre el final empezó a quedar corto. ¿Alcanzará sólo con Paredes? Al menos, en media hora hizo que este Boca apático mostrara por fin que tiene sangre en las venas.

 



Autor:OLÉ

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