John Allen Chau, un misionero cristiano estadounidense de 26 años, fue asesinado por miembros de la tribu sentinelesa en la remota isla Sentinel del Norte, en la Bahía de Bengala. La isla, bajo jurisdicción de la India, está aislada y los visitantes tienen prohibido el contacto con sus habitantes.
Chau, perteneciente al grupo misionero All Nations Family, organizó su viaje durante años: en 2018 pagó a pescadores para acercarse ilegalmente y llegar a la isla en kayak, llevando regalos como pescado, tijeras y una pelota de fútbol.
En su diario, escribió que gritó a los isleños “Mi nombre es John, te amo y Jesús te ama”, pero sus palabras fueron respondidas con flechas. Una de ellas atravesó la biblia que llevaba pegada al pecho.
A pesar del ataque inicial, volvió esa misma noche: según sus propios escritos, creía que su muerte podría cumplir un propósito mayor.
Al día siguiente, los pescadores que lo habían transportado vieron cómo su cuerpo era arrastrado por los sentineleses y enterrado en la playa.
La motivación de Chau iba más allá de la evangelización: de acuerdo con su confesión y los documentos de su congregación, creía que su sacrificio podía acelerar la segunda venida de Jesús, como parte de una profecía apocalíptica.
El caso generó un intenso debate sobre los riesgos del contacto con pueblos no contactados, el colonialismo religioso y los derechos de las comunidades aisladas.