“El Tornillo que Faltaba” un espacio para construir salud a través del encuentro

 

La salud mental no se construye únicamente en un consultorio. También se construye en los espacios compartidos, en la posibilidad de encontrarse con otros, expresarse, escuchar distintas opiniones, asumir responsabilidades y formar parte de un proyecto colectivo. Desde esa perspectiva funciona “El Tornillo que Faltaba”, un taller del Centro de Día Municipal de Salud Mental y Adicciones que encuentra en la tecnología y la comunicación una herramienta para favorecer el bienestar de sus participantes.

El Centro de Día es un espacio de acompañamiento y abordaje terapéutico para personas que atraviesan situaciones vinculadas con la salud mental y los consumos problemáticos, así como para sus familiares y allegados. Aquí se llevan a cabo diferentes actividades destinadas a mejorar la calidad de vida, promover la autonomía y fortalecer los vínculos, como el taller de cocina, la plantinera, yoga, arte y el espacio de streaming, coordinado por el psicólogo Juan Manuel Rodríguez y el productor audiovisual Fernando García.

“La idea es que las personas que van puedan aumentar su calidad de vida, puedan adquirir herramientas y tener la posibilidad de generar condiciones que incentiven el bienestar en ellos”, explica Rodríguez. La cámara, los micrófonos, las conversaciones y las tareas compartidas funcionan como herramientas para habilitar otras experiencias. Expresarse, escuchar, debatir, ponerse de acuerdo y trabajar con otros se convierten en parte central del proceso

Y es justamente esa tarea compartida la que permite que cada participante encuentre un lugar dentro del grupo. “En este caso hay una tarea que los une, que los motiva, que les hace asumir un rol y eso es súper importante para nosotros”, destaca Rodríguez.

 

Una experiencia colectiva frente a las cámaras

El taller funciona los jueves a las 11 de la mañana y convoca habitualmente entre siete y doce usuarios. Aunque cuenta con cámaras, micrófonos, computadoras y otros elementos propios de una transmisión audiovisual, no se trata de un programa de streaming convencional ya que los contenidos se graban, pero no se emiten en vivo ni se publican, para preservar la privacidad de quienes participan y garantizar que puedan abordar también cuestiones personales.

“Nosotros lo llamamos taller de streaming, pero los programas no salen al aire, porque hay un tema de privacidad y de derechos. A veces se hablan de temas muy personales. Es como si fuera un grupo terapéutico con tecnología de streaming”, explica García, quien participa de la experiencia desde hace más de un año.

El armado del espacio también forma parte de la actividad. Los participantes aprenden a instalar las computadoras, conectar los micrófonos, preparar las cámaras y organizar los equipos. Para facilitar esta tarea, incluso utilizan pictogramas que identifican las cajas donde se guardan los distintos elementos, de manera que todos puedan reconocerlos y participar de la preparación.

Una vez armado el set, comienza el encuentro: se elige un tema, se comparte música, se realizan las presentaciones y se abre la conversación. Los roles van rotando y no todos tienen que ocupar necesariamente un lugar frente a cámara. Cada uno puede participar desde distintas tareas y de acuerdo con sus intereses.

Los temas tampoco están completamente definidos de antemano. Si bien los coordinadores acercan algunas propuestas, las conversaciones van tomando forma a partir de las inquietudes y los aportes de los propios participantes.

Al principio, recuerda García, eran los coordinadores quienes hablaban más. Sin embargo, encontraron que abordar cuestiones cotidianas permitía generar mayor participación. Durante el Mundial de fútbol, por ejemplo, tomaron la figura de Lionel Messi como punto de partida para conversar sobre cuestiones mucho más amplias.

“Durante el mundial a través de la figura de Messi hablamos de liderazgo, hablamos de superación, hablamos de enfrentar los miedos, los retos. Entonces todo eso era como ellos hablaban de temas muy importantes a través de algo cotidiano como el fútbol. Y se generaban conversaciones muy interesantes”, cuenta García.

La música, el deporte y otros temas cercanos se convierten así en disparadores para hablar de experiencias, preocupaciones, deseos y diferentes maneras de ver el mundo. En ese intercambio, las conversaciones pueden tomar caminos inesperados y dar lugar a reflexiones que surgen espontáneamente. “Les encanta verse, les encanta escucharse y se divierten. Cuando se ven como espectadores en ese papel protagónico los llena de orgullo”, explica García.

 

La salud también se construye con otros

Para el equipo que lleva adelante la propuesta existe una premisa fundamental: el resultado audiovisual no es lo más importante. “La prioridad está en lo que sucede entre los participantes en ese espacio y no en la producción para afuera”, remarca Rodríguez.

Por eso, las decisiones sobre los contenidos, la organización y el funcionamiento del programa se toman colectivamente. “Siempre ubicamos digamos al grupo por encima de las individualidades por lo cual decidimos todo en el espacio de taller, desde los contenidos, desde cómo se estructura el programa, bueno todas las cosas que fuimos decidiendo, todos los participantes tomamos parte de esa decisión”, explica el psicólogo.

La posibilidad de participar, sentirse escuchado, compartir una tarea y reconocer el aporte de los demás forma parte de los objetivos terapéuticos del espacio. No se trata solamente de aprender a utilizar una cámara o un micrófono, sino de construir experiencias que fortalezcan la autonomía, la confianza y los vínculos.

Así, “El Tornillo que Faltaba” expresa una manera de entender la salud mental desde una perspectiva comunitaria: una salud que no se limita a la atención individual ni a los espacios tradicionales de tratamiento, sino que también se construye en la vida cotidiana, en el encuentro y en las oportunidades de participación.

Entre cámaras, conversaciones, debates, humor y proyectos compartidos, el taller demuestra que generar bienestar también puede significar encontrar un lugar en un grupo, tener algo para decir y descubrir que lo que cada uno aporta puede enriquecer una experiencia colectiva.

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