La FIFA ha puesto fin a la incertidumbre y oficializó una modificación reglamentaria clave para la próxima Copa del Mundo que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá. El Consejo aprobó definitivamente que las listas de buena fe de las selecciones estarán compuestas por un máximo de 26 futbolistas, dejando atrás el histórico estándar de 23. Esta medida, que se implementó de manera excepcional en Qatar 2022 debido a la pandemia y al calendario atípico, pasa a ser ahora la norma fija. De esta manera, los entrenadores contarán con un abanico mayor de variantes tácticas y resguardo ante posibles lesiones en un torneo que, por primera vez, será más largo y exigente de lo habitual.
Otro de los puntos centrales del anuncio tiene que ver con la salud de los protagonistas ante las condiciones climáticas del verano boreal. Conscientes de que se jugará en junio y julio, meses de calor intenso en varias de las sedes, la FIFA estableció un protocolo riguroso. Se institucionalizaron las "pausas de hidratación" obligatorias (cooling breaks) en cada tiempo si el índice de calor supera ciertos umbrales de riesgo. Además, se realizó un ajuste en la grilla de horarios para evitar los partidos al mediodía en las ciudades más calurosas y se exigirá el uso de sistemas de climatización o el cierre de techos retráctiles en los estadios que cuenten con dicha infraestructura para garantizar una temperatura ambiente controlada.
Estas decisiones se enmarcan en el desafío logístico que representa organizar el primer Mundial de la historia con 48 equipos participantes. Con un calendario expandido a 104 partidos, la entidad también definió los plazos de cesión de los jugadores: los clubes deberán liberar a los futbolistas a partir del 25 de mayo de 2026, garantizando un período de descanso y preparación previo a la competencia. Con el reglamento ya sobre la mesa, los cuerpos técnicos de las selecciones pueden comenzar a planificar la logística fina para la cita ecuménica más grande de todos los tiempos.