"Estamos sacrificando bosques nativos y lo que nos brindan en pos de un desarrollo que es mentira y no llega. En el último tiempo se han abandonado más de 2 millones de hectáreas desmontadas y usadas para la agricultura. Esto demuestra que se desmontan tierras para usar para ganadería y agricultura que no tienen condiciones necesarias para desarrollar estas actividades", alertó Manuel Jaramillo, director de Fundación Vida Silvestre.
Los bosques nativos están protegidos en la Argentina por la ley 26.331 de "Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos" sancionada en 2007. Esta obliga a las provincias a hacer un Ordenamiento Territorial de sus Áreas Boscosas (OBTN), a través de un proceso en el cual se categoriza los posibles usos de sus bosques. La deforestación solo está permitida en las "zonas verdes", que son los sectores de bajo valor de conservación. Sin embargo, la falta de controles, el incumplimiento de la ley y el bajo precio de las multas a infractores, atentan contra la preservación de estos ecosistemas.
Un informe de la Fundación Ambiental Recursos Naturales (FARN) y la Fundación Vida Silvestre reveló que el 50% de las tierras deforestadas en 2018 estaban clasificadas como zonas donde el desmonte está prohibido. "Evidentemente, debemos hacer modificaciones en la ley 26.331", aseguró Cabandié en diálogo con LA NACION.

Los bosques nativos son fundamentales para la conservación del suelo y de calidad del agua y para asegurar la fijación de carbono. Además cumplen una función clave en la regulación hídrica. Sin ellos, aumenta el riesgo las inundaciones en zonas cercanas.
Según fuentes oficiales la Argentina se encuentra dentro de los 30 países que más gases efecto invernadero emiten (0,6 % del total mundial) y un 15% de ellos son provenientes de la deforestación.
