La preocupación por la calidad del agua potable ha vuelto al centro de la escena tras la difusión de un relevamiento que expone la crítica situación de varios municipios de la provincia de Buenos Aires respecto a los niveles de arsénico. El estudio advierte que una parte significativa del territorio bonaerense consume agua con concentraciones de este metaloide que exceden los parámetros máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y lo estipulado por el Código Alimentario Argentino. Esta realidad expone a la población al riesgo de contraer Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE), una enfermedad grave derivada de la ingesta prolongada de esta sustancia.
Según los datos analizados, la problemática no es homogénea, sino que golpea con mayor severidad a la zona norte, noroeste y centro de la provincia. Entre los distritos más comprometidos, donde los valores detectados son alarmantes, figuran localidades como 9 de Julio, Junín, Chivilcoy, Alberti, Pehuajó, Bragado y Lincoln. En estos partidos, la presencia de arsénico es de origen natural y geológico, proveniente de las capas freáticas y los sedimentos volcánicos de los acuíferos, lo que dificulta su eliminación sin la infraestructura adecuada de potabilización, como plantas de ósmosis inversa.
Los especialistas en toxicología y salud ambiental subrayan que el consumo sostenido de agua con exceso de arsénico es un "enemigo silencioso". A largo plazo, está asociado a la aparición de lesiones en la piel, problemas cardiovasculares, respiratorios y, en los casos más severos, diversos tipos de cáncer. Ante este escenario, organizaciones vecinales y expertos reclaman a las autoridades provinciales y a la empresa prestataria del servicio que aceleren las obras de infraestructura necesarias para garantizar agua segura, recomendando mientras tanto a los habitantes de las zonas afectadas buscar fuentes alternativas para beber y cocinar.