Una interna impensada ha estallado en La Cámpora, la agrupación pilar del kirchnerismo, a raíz de un cruce de opiniones entre su líder, Máximo Kirchner, y una de sus figuras más prominentes, la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza. La controversia se desató por el posicionamiento de la organización frente al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, y su creciente protagonismo en el peronismo.
El conflicto se hizo público luego de que Mendoza elogiara a Kicillof, calificándolo como la persona que "conduce el proyecto nacional" y el mejor candidato del peronismo para las elecciones presidenciales de 2027. Esta declaración, que alinea a la intendenta con la estrategia del gobernador de construir una alternativa política de cara al futuro, generó una rápida y contundente respuesta por parte de Máximo Kirchner.
Desde Santa Cruz, el diputado nacional y presidente del PJ bonaerense le respondió indirectamente a Mendoza, afirmando que La Cámpora "no tiene jefe" y que su única conducción es Cristina Fernández de Kirchner. Con sus palabras, Kirchner buscó marcar los límites de la organización y dejar en claro que, si bien puede haber debates internos, la lealtad principal sigue estando con la ex presidenta, enfriando así cualquier respaldo prematuro a la figura de Kicillof como líder indiscutido del espacio.
Este episodio revela las tensiones subyacentes dentro del kirchnerismo sobre cómo reconfigurar su liderazgo y estrategia tras la derrota electoral. Mientras un sector, en el que se inscribe Mendoza, ve en Kicillof una figura con la capacidad de aglutinar y ampliar la base electoral del peronismo, otro, liderado por Máximo Kirchner, parece resistirse a ceder la centralidad y el control de la estructura, reafirmando la autoridad de su madre. La disputa evidencia los diferentes caminos que se debaten para el futuro del movimiento.