La interna entre los Kirchner y Axel Kicillof vuelve a sacudir al peronismo y complica la convivencia

En la provincia de Buenos Aires, la pugna interna dentro del peronismo se reactivó con fuerza: por un lado está el espacio que responde a Máximo Kirchner y al aparato de Cristina Kirchner. Por otro está el bloque que apoya al gobernador Axel Kicillof, que busca consolidar su liderazgo político y proyectarse más allá del territorio provincial.
La llamativa tensión tiene como epicentro la conducción del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires (PJ-BA): el mandato de Máximo Kirchner vence el 18 de diciembre y ya hay debate interno sobre una prórroga o la convocatoria a elecciones en marzo. El kirchnerismo pretende que Máximo continúe en el cargo, mientras que el kicillofismo y los intendentes del bloque MDF empujan que el gobernador absorba la conducción partidaria o al menos un delegado suyo.
Los intendentes bonaerenses que responden a Kicillof critican el estilo deliberativo del mandatario y reclaman mayor velocidad en las decisiones, mientras que desde el cristinismo denuncian que Kicillof “no cumple acuerdos” relativos al mando partidario. Esta tensión muestra una doble lectura del conflicto: el gobernador busca armar su propio espacio político, distinto al aparato de La Cámpora, y el kirchnerismo pretende anclar su poder interno en una provincia clave.
La disputa pone en riesgo no sólo la unidad funcional del peronismo en Buenos Aires, sino también su capacidad electoral de cara a futuros procesos. Con múltiples sectores reconfigurándose, el desafío para Kicillof será equilibrar sus aspiraciones personales, la gobernabilidad provincial y las exigencias de los intendentes que lo sostienen. Mientras tanto, el kirchnerismo presiona para mantener su hegemonía partidaria y evitar perder terreno en el PJ-BA.

Comentarios

Comentar artículo