Billy Idol demostró en el Movistar Arena que su carisma y energía punk siguen intactos

Billy Idol volvió a Buenos Aires como parte de su gira “It’s a Nice Day To… Tour Again!” y ofreció un show explosivo en el Movistar Arena, repleto de fanáticos de todas las generaciones.
A sus casi 70 años, mantuvo su magnetismo escénico: recorrió el escenario con su clásica cabellera rubia, cuero, cadenas y pañuelos, sin perder ni un ápice de rebeldía ni de presencia.
El concierto abrió con “Still Dancing” —del álbum Dream Into It— y también incluyó otros estrenos como “77”, “Too Much Fun”, “Gimme the Weight” y “People I Love”, mostrando que Idol no solo vive de sus glorias pasadas.
La puesta en escena se apoyó en visuales contundentes (edificios abandonados, pantallas con su rostro) y un juego de luces que intensificó cada momento.
No faltaron sus canciones más famosas: “Cradle of Love”, “Flesh for Fantasy”, “Mony Mony” y “Eyes Without a Face” fueron coreadas por el público con entusiasmo.
En una versión más íntima, “Love Don’t Live Here Anymore” bajó la tensión para permitir un diálogo musical entre Idol y una de sus coristas.
Durante “Ready, Steady, Go”, Idol bromeó con la multitud, diciendo: “Ustedes están absolutamente locos”, ante el cántico “olés” que lo acompañó durante toda la noche.
La banda que lo acompañó fue sólida: Steve Stevens (guitarra), Stephen McGrath (bajo), Erik Eldenius (batería), Paul Trudeau (teclados) y dos coristas. Stevens, en particular, brilló con intervenciones acústicas, incluyendo fragmentos inspirados en Led Zeppelin y Van Halen. 
En los bises, Idol cerró con un trío icónico: “Dancing with Myself”, “Hot in the City” y “White Wedding”, y se despidió agradeciendo emocionado: “Gracias, estuvieron fantásticos, nos vemos la próxima vez”.
En síntesis, según La Nación, fue una noche en la que Billy Idol reafirmó que, aunque el tiempo pasa, su esencia de estrella punk-rock sigue siendo vibrante y vigente.

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